Cuaderno de campo
Cuaderno de campo: agosto en la masía
Publicado el , en la sección Cuaderno de campo · Redacción de Masía Novales
Agosto es el mes en que la masía se mide: la huerta da lo suyo todo junto, el agua se vuelve un oficio y las cenas salen debajo de la parra. Este es el cuadero del mes, con sus cuentas.
Agosto no perdona el desorden. Todo lo que la masía preparó en primavera llega junto y hay que estar: los tomates no esperan, las avispas tampoco, y el agua de la balsa baja dos dedos cada semana de viento solano. Este mes el cuaderno se ha llenado de cifras y de nombres propios de variedades, que es como se llenan los cuadernos de verdad.
La huerta: cuatro semanas de tomates a destajo
Las matas de tomate de colgar han dado este año lo esperado, que ya es hablar: recogidas de tres veces por semana, siempre antes de las nueve de la mañana, con la cesta media llena de fruto bueno y un tercio de fruto picado por donde entra la avispa. La regla del cuaderno se ha confirmado: recoger a menudo y en poco cantidad evita la avispa. Los pimientos de fresón han aguantado el calor mejor que otros años, las berenjenas han necesitado su riego aparte y las calabazas de invierno ya están cerrando la piel, que es la señal de que pueden empezar a curarse al sol del pajar.
El agua: la balsa y sus dos dedos
Agosto ha sido seco, con un solo aguacero serio a mitad de mes que llenó el aljibe justo antes de que volviera el solano. La bomba del pozo ha trabajado cada madrugada, y la lección del mes va al cuaderno en mayúsculas: el riego de madrugada ahorra un riego entero por semana frente al riego de tarde, porque nada se evapora al sol de las siete. Las tareas de revisión que marcan las guías de pozo, aljibe y cisterna se han hecho una a una, y el grifo del lavadero, que goteaba desde junio, ha dejado de hacerlo con una junta de dos euros y veinte minutos de maza suave.
La cocina: botes, más botes y gazpacho
El balance de la conservación de agosto, apuntado en la última página: frito de tomate suficiente para el invierno, tomate entero pelado de sobra, pimientos asados congelados en raciones de guiso y mermelada de melocotón de la vecina a cambio de una caja de tomates. El gazpacho se ha batido a diario, la nevera ha trabajado a destajo y el horno de leña ha descansado, como es su agosto, salvo una hornada de pan el día del aguacero, con la casa fresca y las brasas puestas para asar lo que sobró. La cascada completa de cómo se aprovecha un solo fuego está, para quien la quiera reproducir, en la guía del horno de leña.
La casa: persianas, calimas y una cena bajo la parra
El calor de agosto en la masía se administra por horas: persianas bajadas al este desde las nueve, la casa cerrada de dos a seis, y todo abierto a las nueve de la tarde, cuando la pared de la solana empieza a soltar el día. La calima de la segunda semana subió la sensación térmica y bajó el ánimo, pero la parra del patio dio su primera cena completa del verano, con la mesa larga, los tomates aliñados de la mañana y el ventilador de techo que lleva aquí más años que quien escribe. La compra de leña para el invierno quedó cerrada el día 20, a precio de agosto y con la pila cubierta: la leña comprada en diciembre se paga con intereses, y eso en el cuaderno está escrito desde el primer año.
Agosto se pasa con persianas y paciencia: lo de fuera espera a las nueve.
Las cuentas del mes
Recogidas de tomate: trece. Botes de frito cerrados: veintidós, más uno que no hizo vacío y se quedó para la semana. Agua de la balsa consumida: lo esperado en año seco. Cenas bajo la parra: cuatro. Gastos imprevistos: una junta de grifo y media caja de sal para las aceitunas tempranas del ensayo. Moralejas: dos, las suficientes.
Lo que queda para septiembre
El mes que viene trae su lista, y ya está apuntada en la página siguiente: limpiar canalones antes de las lluvias serias, sembrar las lechugas de otoño, revisar la tapa del aljibe, pedir los ajos de siembra y empezar a pensar la poda de invierno, que se ve lejos y siempre llega antes. Todo eso, con sus fechas puestas, está en el calendario del campo, que es la versión ordenada de este cuaderno. Mientras tanto, la revista sigue: las guías de plantas que aguantan el verano se han confirmado al natural este agosto, y las recetas de temporada han alimentado las trece recogidas sin repetir plato.
Las cuentas de agosto no terminan en la huerta ni en el agua: lo que sale de la cocina también se anota. El pan que se hornea y los huevos que se recogen pasan por manos, temperaturas y controles que conviene conocer, igual que se sigue el riego o el gasto de la casa. En Masía Novales explican cómo se construye la cadena del alimento, quién vigila la seguridad alimentaria en cada paso y qué certificados de producto cuentan al final. Es la misma disciplina del cuaderno, aplicada al plato.
Lo que se anota en este cuaderno de agosto, el gasto de agua, la cuenta de la huerta y lo que sale de la cocina, tiene su continuo en la página de productos del terruño y circuitos cortos. Allí se explica cómo comprar directo al productor, qué oficios artesanos siguen vivos en la comarca y qué ferias y mercados marcan el año. Es la misma casa y el mismo mes, contados desde el otro lado del mostrador.
La cocina de agosto en la masía se ordena con lo que da la huerta y con lo que el agua permite conservar. Las cuentas del mes anotan la compra de sal, el gas de la cocina y el hielo para el género. Fuera de casa, la despensa de la comarca se lee en los platos de origen y en las cartas de los pueblos, un asunto que la masía sigue con atención en su página sobre la cocina de una comarca, donde se recogen los platos de origen, la lectura de las cartas y de los vinos locales y un recorrido gastronómico de fin de semana entre pueblos.
En agosto la cocina de la masía trabaja con lo que da la huerta y con lo que guarda la despensa, y las cuentas del mes se cuadran con lo que se ha gastado en riego, leña y compras. Cuando quedan tardes tranquilas, se aprovecha para repasar recetas de dulce que se han transmitido de maestro a aprendiz, con sus dosis y sus tiempos. En la página de pastelería regional se recogen esas recetas y las bases técnicas que las sostienen, un complemento útil para quien anota en el cuaderno lo que sale de la cocina.
En agosto, con la casa llena y la huerta en pleno riego, conviene mirar también los muros. La cal de las fachadas se lava con la lluvia y el sol, y los morteros de cemento impiden que el muro transpire. En la guía de fachadas de piedra y cal se explican la transpiración del muro, los morteros compatibles, el encalado y los puntos débiles de ventanas y huecos. Son trabajos que se deciden en verano, cuando la casa está seca y las cuentas del mes permiten prever la obra.
Qué leer a continuación
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La versión ordenada de este diario: el calendario del campo.
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La hornada del día de aguacero, explicada: el horno de leña.
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Las revisiones de agosto de el agua de la masía, una a una.
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La sección del diario: el cuaderno de campo de la masía.