Jardín
Podar el olivo: época, corte y errores frecuentes
Publicado el , en la sección Jardín · Redacción de Masía Novales
El olivo perdona casi todo menos la poda mala: un desmoche puede costar tres años de cosecha y una herida mal dada, décadas de madera podrida. Esta guía explica el corte desde el esqueleto del árbol.
Ninguna tarea del campo español acumula más opinión que la poda del olivo, y sin embargo el árbol deja pocas dudas cuando se le lee bien. El olivo fructifica en la madera del año anterior, sobre ramas que recibieron luz el verano pasado. Toda la poda cabe en esa frase: se recorta lo que no fructifica y se deja aire y luz para la madera que sí lo hará. El resto es técnica de corte, herramientas y fecha.
En qué mes se poda
La poda seria, la que saca leña gruesa, se hace tras la recolección y antes de que el árbol empiece a empujar, es decir, entre finales de invierno y principios de primavera según la zona y la altitud. Podar muy pronto en zonas de helada expone los cortes a la escarcha; podar tarde, con la savia ya subida, debilita y enreda. La poda ligera de aclareo y la de chupones de verano se puede hacer con la mano o con tijera en cualquier mes, porque quita poco y calma. La recolección, cuando la variedad es de mesa o de molino temprano, manda sobre el calendario: primero se recoge, después se poda.
Leer el esqueleto antes de cortar
Un olivo productivo y sano tiene pocas patas: normalmente tres o cuatro brazos principales que salen del tronco con cierta simetría y una copa abierta en el centro, en vaso. Esa forma permite que la luz llegue a toda la madera fructífera y que la aceituna no se quede solo en la cáscara exterior. Antes de cortar nada, se da la vuelta al árbol, se buscan los brazos que ya no producen, las ramas que se cruzan hacia dentro y los chupones verticales que suben por el tronco, y se decide el plan completo. La poda se piensa entera y se ejecuta de golpe; cortar por aburrimiento, rama aquí y rama allí, es la manera de no acabar nunca.
Las herramientas y su oficio
- La tijera de podar de una mano para lo fino, hasta el grosor de un dedo.
- El serrucho de poda curvo para las ramas medias: corta limpio y no se atasca.
- La podadora de pértiga para lo alto sin escalera siempre que se pueda.
- La motosierra solo para leña gruesa y braza vieja, con el ojo puesto en no herir el brazo que queda.
- Pasta de cicatrización o mascarilla de barro y cal para los cortes de más de tres dedos, sobre todo si amenaza lluvia.
Las herramientas se desinfectan entre árboles, sobre todo si alguno presenta secas o repilo, porque la sierra viaja con la enfermedad puesta. Y las tijeras mal afiladas desgarran en lugar de cortar: una herida rasgada cicatriza peor que una limpia.
Los tres errores que cuestan cosecha
El primero es el desmoche: cortar la copa entera a la misma altura, como una mesa. El olivo responde con un manojo de chupones débiles que darán madera, no fruta, y durante dos o tres años la cosecha cae. El segundo es vaciar el centro hasta el palo, dejando la copa en anillo: así no se ventila, se reseca la madera expuesta y se pierde justamente la sombra interior que protege la aceituna del golpe de sol. El tercero es la poda anual exhaustiva, la de quitar cada invierno todo lo que creció: el olivo no es un seto, y la madera del año anterior es la que trae la aceituna. Un buen criterio para un olivar familiar es podar en serio un año y pasar la tijera de aclareo al siguiente.
Y la leña, a la pila
La poda del olivo deja el combustible de todo el año: las ramas del grosor de la muñeca alimentan el fogón y el horno, las más finas se hacen haces para el arranque, y las hojas se dejan en el suelo si la máquina de la era no las reclamó. La manera de aprovechar ese calor descendente, del pan a las magdalenas, está explicada en la guía del horno de leña, y las fechas exactas de poda, recolección y leña están en el calendario del campo.
El olivo se poda para que pase el gato: luz arriba y sombra abajo.
Quien vea olivares por primera vez y quiera entender la forma de los árboles viejos antes de tocar los suyos, tiene una excusa perfecta en la ruta de fin de semana entre olivares: mirar cómo poda el vecino de siempre sigue siendo el mejor curso.
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