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Masía Novales Revista del campo y de la masía Edición al 30/08/2026

Escapadas rurales

Fin de semana entre olivares y pueblos blancos

Publicado el , en la sección Escapadas rurales ·

Mar de olivos centenarios en ladera con troncos retorcidos plateados al sol bajo, muro blanco del pueblo asomando en la loma del fondo
Troncos retorcidos y plateados hasta el horizonte: el mar de olivos cambia de color según la hora, y conviene verlo al alba y al atardecer.

El paisaje del olivar es el más parecido a un mar que tiene el interior andaluz: ondulado, cambiante y tranquilo. Esta ruta lo recorre en un fin de semana sin llevarse por delante al conductor.

Hay una franja del sur de España donde el olivar deja de ser cultivo y se vuelve paisaje: laderas enteras de troncos retorcidos, muros de piedra seca en las lindes, ermitas en las lomas y pueblos blancos asomados al valle. Un fin de semana justo para una comarca de estas, bien elegida, descansa más que una semana de costa: aquí va la estructura del viaje, pensada para copiar el método en cualquier zona olivarera de Sierra Mágina, la Subbética o la Sierra de Cádiz.

Viernes por la tarde: llegar con luz

La llegada conviene hacerla antes del anochecer, porque la carretera comarcal entre olivares es hermosa y traicionera, con curvas y reses en algunos tramos. Se instala uno en la casa, se estiran las piernas hasta la plaza y se cena en el primer bar con la puerta abierta: el viernes no se busca restaurante, se busca ambiente. La primera noche en un pueblo pequeño enseña lo que el viaje trae: silencio con grillos, olor a leña en invierno y la conversación de la terraza en verano.

Sábado por la mañana: leer el olivar

La excursión larga del sábado es a pie, entre olivares. Cualquier sendero local de las lomas sirve, y la caminata enseña en una hora lo que el coche no explica en un día: el muro seco que sujeta la ladera, la poda del año, la hierba espontánea bajo la copa, los troncos huecos que hacen de casa a aves y gatos monteses. Los olivos centenarios se reconocen por la base retorcida y el tronco partido, y cada uno tiene su figura. Quien quiera entender por qué están así de limpios por dentro puede leer después la guía de cómo se poda el olivo: ver la poda hecha y entenderla es un placer doble.

Sábado por la tarde: la almazara y el aceite

En temporada, de octubre a enero según la zona, muchas almazaras pequeñas mueven las 24 horas y algunas enseñan la molienda con cita previa: la aceituna recién recogida cayendo en la tolva, el aroma a aceituna recién molida y la sala de decantación con sus aceros brillantes. Fuera de temporada, las almazaras con tienda siguen abiertas y valen la visita para comprar el aceite del año directamente, en lata o en botella oscura, preguntando la variedad y el mes de molienda. La cata honesta no necesita copas azules: pan, plato hondo y dos aceites distintos bastan para entender qué significa picante y qué significa verde.

Domingo: el pueblo blanco y la vuelta lenta

El domingo se dedica al pueblo: la calle empedrada de arriba abajo, la iglesia, el mirador sobre el valle y el mercado si lo hay. Es el día de comprar poco y bien: aceite, aceitunas de mesa, miel de la sierra, queso curado de la comarca y algún dulce de convento si se cruza uno. La vuelta se hace temprano y por la carretera buena, con una parada técnica en el mirador de la presa o del puerto para la última foto del mar de olivos, que al atardecer tira a gris y a violeta.

Cuándo conviene ir

Noviembre y diciembre traen la recolección temprana y el aceite recién moliendo; marzo y abril, la floración espontánea y el verde nuevo bajo las copas; mayo, las macetas de los pueblos en su mejor momento; verano, las noches largas y la sombra de la una a las seis, sagrada.

Lo que no hay que hacer

No hay que llenar el fin de semana de pueblos: con uno de base y otro de visita basta. No hay que visitar la almazara en madrugada de molienda sin cita: es una fábrica trabajando, no un museo. Y no hay que ir contra la siesta del sur: la una a las cinco de la tarde en julio no es planificable, es meteorología. El método completo para elegir la casa y la temporada está en la guía de cómo elegir escapadas rurales, y las fechas de recolección y poda del paisaje del viaje están, como siempre, en el calendario del campo.

El olivar se mira dos veces al día: al alba, que es plata; al atardecer, que es ceniza.

Y si la vuelta deja ganas de tener el propio olivar o el propio horno, las otras secciones de la revista siguen abiertas: el jardín mediterráneo y la cocina de la masía son la continuación natural del viaje.

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